lunes, 19 de noviembre de 2012

Italian Coffee vs Starbucks

No sé desde cuándo llegó la franquicia americana a mi rancho. Yo la conocí en su ciudad natal, Seattle WA, pero no la probé ahí porque el dueño había vendido el equipo local los "Sonics" a no sé quién que a su vez había vendido el equipo a otro fulano y pues los seatlitas se habían quedado sin equipo de basquetball y andaban poquis enojados ¿verdad?, así que, mi entonces novio, casi, casi marido, no consumía Starbucks y pues yo, menos.

Luego, en clase de "Tendencias Mundiales de Negocios Alimentarios" o algo así que llevé en la universidad, analizamos la franquicia y sus orígenes y cómo un gringo se fue un día a Italia de vacaciones y dijo: "ay, como que quiero poner un café" y es así que hoy pedimos "caramel macchiato" y esas monstrosidades lingüísticas producto de la mezcolanza entre el Inglés y el Italiano.
Y bueno, cómo fue personalizando el servicio, cómo fue aprovechando eso de que su personal era bien güenagente y se aprendía el nombre de los clientes o les daban gusto, que poniéndole la leche deslactosada para que no se anduvieran pedorreando todo el día y así. Lo hizo estándar y ¡bum! a casi todo mundo le ponen el nombre en su vaso hoy en día (menos a mí, porque las del Starbucks cerca de la universidad donde doy clases no me quieren, las muy feítas) y los vegetarianos pueden tomar capuccinos porque se los pueden hacer de lechita de soya.

A la vuelta de veintitantos años, Starbucks es una de las franquicias con mayor prenetación en el mercado internacional en el rubro de bebidas y que, curiosamente, vende de todo, menos bebidas.
No sé bien qué venda en otros países, pero en México, percibo claramente que vende estatus.

Cuando llegó la moda al rancho, yo la verdad que ni me paraba en esas tiendas. Me daba una hueva inmensa hacer fila, como si fuera uno a las tortillas, pagar y luego irse a sentar a beberse un café muy caro y nada bueno. Prefería ir a mi cafecito llamado "Azúcar y Canela" donde el dueño era la cosa más tierna del mundo, me recibía con beso en cada mejilla y todo. Y luego llegaba Alán, mi meserito de quince años que trabajaba por las tardes para ayudarse con los gastos de la escuela, a llevarme la carta y todo eso. Qué maravilla saborear un café en una tacita de porcelana con gatitos y sentarse en una mesa con mantelito individual.

Al año de la llegada de Starbucks al rancho, mi café desapareció. Una razón más para odiar la franquicia esa de gente snob.

Pero ya ven que dicen que cae más pronto un hablador que un cojo. Y cambié de chamba. Y lo único cerca  para ver a mis amigas y con internet "gratis" (léase, prorrateado en el precio de la bebida) era el famoso Starbucks.
El primer "caramel macciato" que pedí lo tiré entero a la basura dicendo en voz alta: "con razón los pinches gringos son unos obesos, esto me va a dar un coma diabético".
Mis amigas, niñas "bien de toda la vida", morían de vergüenza y hasta un:"hay que sacarte a pasear más seguido" me gané.
Aprendí que lo menos jodido era pedir el café del día o un té de menta para poder estar ahí con ellas. O sea, yo voy a Starbucks por convivir, pues.

Desde que vivo en el centro de la ciudad y no tengo carro, mis opciones se limitan a lo que hay por aquí. Un día, después de correr, la plaza olía delicioso a café. Era un Italian Coffee que nunca había visto. 
Entré en la tienda y lo primero que leí fue: "no se reciben tarjetas de crédito o débito". La neta, me cayó como patada en los bajos, porque moría de antojo y tuve que caminar como millones de cuadras (2) al cajero más cercano para poder pagar en efectivo mi café.
Me sorprendió el precio. La mitad que Starbucks. ¡Y también tenían leche deslactosada y canderel y splenda y todo! ¡¡Y HASTA APOYAN AL TELETÓN!!
Juré no volver a comprar Starbucks hasta que intenté cerrar mi vasito portable y me metí unos sendos quemones en las manos porque está en chino cerrarlo, entonces el café se derramaba y me batí toda y me enojé y dije: "con razón se los llevan de calle. Sin aceptar plásticos y con estos vasillos ¿cómo?" Y luego, entré al baño y observé las paredes sucias, la taza con sarro y dije: "así no, adiós para siempre" (o ¿cómo era?)

Hoy, paseando con mi madre por el centro, (lo menciono porque es digno de presumirse en estos momentos de mi vida), la invité a un café. No lo tomamos para llevar. El día que yo lo había comprado, la tienda estaba completamente sola. Hoy, estaba a reventar. Y ahí estaba la respuesta a las paredes sucias y los sillones maltratados. Los usuarios. 
El precio atrae a otro mercado. Familias enteras con niños que suben los pies a los sillones, que embarran de mugre las paredes, que usan mucho más el baño... pero, mucho más allá de irritarme, sentí una profunda alegría al ver al México del día a día tomando café en familia.

Entre las muchas historias que observé, sólo les comparto una:

Una pareja de edad MUY, MUY avanzada que puedes deducir al verlos, su actividad es la pepena de basura. La cubeta llena de cosas al lado lo grita. Pero es domingo. Y están sentados a la mesa del café, con sus casi ochenta años encima, con su sonrisa sin dientes y la alegría en su mirada mientras su plática fluye.
Contaban las monedas en la mesa para pagar dos americanos y un trozo de pastel.
Alguien, (a mí ni me pinches vean) pagó su cuenta.

Por la oportunidad de ver los muchos Méxicos, seguiré tomando Italian Coffee, aunque sus vasos portables sean una porquería, sus baños no sean inmaculados y no tengan terminal.

Fortalezas

Hace un par de días aprendí la diferencia entre un palacio y un castillo. Por definición, el primero es una construcción suntosa para que un rey, sultán, gobernante "uloquesea" habite. Un castillo, por otro lado, es una fortaleza. Una estructura de tamaño y diseño tal que permita a los habitantes de alguna población resguardarse en caso de ataque.

Cuando lo leí al preparar mi clase de un nivel que nunca había impartido, no me hizo ruido. Pero, al paso de los días, entendí esa tendencia humana de refugiarse que nos ha acompañado a lo largo de la Historia.

Hoy nos rodeamos de ellas. Ahorramos para el futuro, tenemos automóviles que nos refugian, que nos protegen. Nos rodeamos de amigos. Formamos familias. Estudiamos, persiguiendo un título universitario, un estatus de postgrado que nos refugie. Muy en el fondo, tenemos un miedo casi nato, casi institivo, un miedo fantasma, indefinido, pero presente, que nos lleva a rodearnos de cosas que nos representen seguridad.

Y el día que desaparecen... sufrimos. No sólo por el cambio de vida que representan, si no por la falla en el sistema de pensamiento y actuar que representan. Así bien, el día que renuncias al estatus de ser "Licenciado en Quesadillas I,II y III" y comienzas a explorar nuevas opciones de vida, o el día que a tu carro se le ocurre no prender y no estar listo ni por error en la fecha acordada, la realidad de tu vulnerabilidad humana te da un sartenazo en la cara: sigues siendo polvo y en polvo te convertirás.

Formamos fortalezas emocionales también. Inventamos la independencia. Esa cualidad loable de ser "in" independiente y no necesitar de nadie que venga a rescatarnos la vida. Yacemos confiados en el set de habilidades aprendidas, adquiridas con la educación universitaria o de casa para creer que podemos solos. Que el amor y esas cosas siempre pueden llegar algún día, pero que mientras tanto, contamos con nosotros mismos para encarar el día a día, el reto del trabajo cotidiano, escapar de la rutina, encontrar la paz interior, la felicidad en las cosas pequeñas y ser suficientes. Me basto a mí misma. ¿Lo ves? Me basto. Puedes irte o quedarte. Seguro te extrañaré, pero me quedo yo. Me quedan mis amigos, mi familia, mi trabajo, mi talento, mi currículum, mi éxito profesional, mi capacidad de reinventarme, mis fologüers en tuíter y una larga lista de etcéteras que construyen la fortaleza que todos los autores de superación personal definen como saludable y deseable.

Y así, armados con todo aquello que creemos, nos hace fuertes, enfretamos el reto de vivir. Ya saben, eso de salir a corretear la chuleta para algo. Para comprar, viajar, comer, seguir estudiando, aprender más cosas, asentarse ... formar una sociedad más justa, una ciudad pujante, una patria ordenada... un mundo mejor.

Pero ¿de qué o quién nos refugiamos? ¿alguien tiene el nombre y apellido del miedo que nos lleva a la búsqueda de todo lo que somos y tenemos?

Habrá quién diga que no es miedo. Que es el instito humano de subsistencia, la ambición inherente a un ser pensante, la necesidad social y política de la condición humana lo que nos lleva a rodearnos de cosas, afectos, conocimientos y rutinas. Y que es parte del apego natural sufrir cuando se pierden.
 Y yo digo que sí es miedo. Que necesitamos las fortalezas porque nos sentimos débiles. Que hay una percepción implantada en nuestro cerebro que nos genera sentimientos de pequeñez. De vulnerabilidad. De soledad. Y entonces, me hago grande sabiendo cosas. Y fuerte, ganando dinero, teniendo amigos, formando una familia, comprando cosas caras que me dan estatus.

Pero, el día que se van, el día que se pierden, que fallan, que se descomponen, el día que tu pareja decide que ya no empata contigo y al mes emmpata con alguien, el día que tu jefe se pone en su plan que lo haces todo mal, el día que tus fortalezas se van... quedas tú, sangre, agua, huesos y fluídos de cara a la realidad: eres débil, estás solo y nada de lo que construíste, adquiriste o leíste, está ahí para cambiar tu condición.

Y ese día descubres que tu fortaleza más fuerte es saberte débil. Aceptar que todo puede irse, fallar, descomponerse, perderse y que aún así, quedaste tú.
Tú, con todo tu todo. Con los ojos para ver hacia nuevos caminos. Tú, con tu sonrisa, ese mágico instrumento que abre todas las puertas. Tú, con tu voz para pedir ayuda a quien quiera dártela. Tú, con tus oídos, para escuchar aquello que la vida quiera enseñarte. Tú, con tus manos abiertas a crear, a recibir, a compartir, a ayudar a quien te encuentres. Tú, con tu corazón lleno de esperanza y fuerza. Ese día aprendes que tu cuerpo es un palacio donde habita un rey. Y ése, no necesita fortalezas.


domingo, 26 de agosto de 2012

Y es que yo así no puedo

Tener roomies es interesante. Te hace darte cuenta de cómo viven otros su día a día. Y no es que me interese en realidad cómo viven otros, es más que me hace compararme con ellos y asombrarme de cómo sistematizan sus vidas. Y me ha hecho consciente de mi propio sistema. O mucho mejor dicho, de mi falta total de sistema.

Tener quién compre todo por ti, aunque sea con tu propio dinero, es una forma cómoda de vida. Así fue mi vida hasta hace unas semanas. Podría parecer que no entiendo el valor monetario de las cosas, pero no es así.  Muy por el contrario, vivir sola me hizo darme cuenta del costoso estilo de vida que mi madre lleva y al que de un modo, me arrastraba.

Un día, platicando con un roomie, me decía cómo programa sus gastos. Me mostró sus listas de cosas pendientes, lo que iba a comprar en qué quincena, cuándo manda su ropa a la lavandería, cuándo manda a bolear sus zapatos... todo perfectamente calendarizado. Es más, le pone cuadritos a sus listas y va palomeando lo que va haciendo, de ese modo, garantiza que nada se le olvide y siempre tiene todo al corriente y en perfecto orden.  Sonreí y le dije que me parecía que eso de ser organizado era mucho trabajo. Se encongió de hombros y desnucadoramente me dijo: "ser desordenado implica mucho más trabajo".

Me vine a mi cuarto, sienténdome la persona más desordenada y culpable del mundo. Prendí el boiler, rezando a todos los santos que conocía para que no explotara, porque eso de prender el boiler es una experiencia completamente nueva para su servidora y me metí a bañar. Me percaté entonces que mi shampoo estaba próximo a terminarse y sabía perfecto que no iban a ser ni cien ni doscientos ni trescientos pesos lo que me iba a costar reemplazarlo. Mientras me bañaba, pensé que sería una buena idea comenzar a hacer presupuestos sobre mis cigarros, el shampoo, el desodorante, la crema de contorno de ojos que me cuesta una forutna y así como mi roomie, tener listas programadas para comprar lo necesario en cada quincena.

Salí de la ducha y me quedé pensando. Me quedé sólo sentada en la cama pensando. Tenía toda la intención de hacer listas, pero no tenía agenda, ni calendario, ni post its ni nada de esas cosas que polulan en el organizado escritorio de mi roomie. Pensé que tenía el aipad. Ahí hay calendario. Luego pensé que sólo la prendo para tuitear o usar mis flashcards en clase y que seguramente, nunca revisaría la agenda. Y luego vi el reloj y era tarde para irme a trabajar.

Pasaron los días y mi coche se descompuso. Y todo mi dinero se fue en dar el adelanto para que esté más rápido. Me di cuenta que tenía un algo de dinero ahorrado y que si no fuera por el carísimo tratamiento de riñones que estoy pagando, las visitas a la psicóloga que están por concluír, (porque no estarán pensando que me salí de mi casa sin ayuda profesional ¿verdad?) y el dinero que tuve que invertir en ropa formal, habría podido comprar sin problemas mi shampoo y pagar la reparación.

Entonces me di cuenta que no necesito listas. Que vivir sin sistema es mi sistema. Y me funciona. Y me funciona muy bien

Everything I touch, I break


No puedo secarme el pelo. Anoche, mientras me refugiaba de la invasión de los invitados a mi casa que no eran mis invitados, derramé algo de mi cerveza sin alcohol en mi colcha. Hoy por la mañana había una espantosa mancha cafetosa que tuvo que quedarse ahí, mientras yo tomaba un taxi rumbo al sur de esta ciudad para dar mi clase de ocho de la mañana a mi alumno que sólo puede aprender Inglés en domingo.

Después de desayunar con mi madre, cuya casa abandoné hace a penas mes y medio, decidí tallar la mancha y sercarla con mi secadora de cabello. Tuve la brillante idea de pegarla a  la colcha, para que se sacara más rápido y ¡pum! ya no sirve.

Mi coche está en el taller, como regularmente ha estado en los últimos diez años desde que mi ratón se convirtió en mi regalo de cumpleaños número 16. Paso por un tratamiento fuerte para recuperar la mitad del riñón que está dañado, debo pasar tres meses sin tomar UNA gota de alcohol. La pantalla de mi aipad es una buena copia del diseño de Spiderman. Obtuvo su decorado especial cuando un día se resbaló de entre los libros que cargaba en los brazos mientras trataba de abrir la puerta del coche. El corazón del último novio que tuve hoy se repara en los brazos de una joven con un look muy mexicano ( o sea, bien morenita y así, pues). Mi Blackberry estuvo muerta por tres semanas y carece de la parte plástica de arriba que recubre los botones de acceso multimedia. (el que me la reparó dice que "se me cae mucho". Yo sólo le dije que la pobre tenía muchos problemas y le gustaba jugar a suicidarse. Obvio, no se rió)

Nunca había notado el estado de las cosas a mi alrededor, hasta hace un mes, que cansada de la vida en casa de mi madre, me mudé un domingo sin previo aviso. Parece que fue ayer cuando lloraba como un cachorrito al empacar mis cosas y sacar en una camionetita pick up de TaxiCarga mi cama y una maleta.

Me fui no por hartazgo de la persona que más me ama en el mundo, no por falta de amor o excesivas reglas.  Me fui sólo un día, porque necesitaba hacerlo. No había mejor razón. Necesitaba mi espacio. Necesitaba no ser la segunda madre de mis sobrinos, el clóset de mi hermana, el chofer de mi madre, la oreja de mi hermano... necesitaba ser yo. Había demasiado ruido en mi vida. Y había demasiado amor. Y demasiado todo.

Había tanto ruido, que no había reparado en cuánto poco cuidado tenía de mis cosas. De mí misma. De mi vida.
Estaba envuelta en un capullo de perfumes y maquillajes de Christian Dior y perfumes Loewe, de champús Redken y una lista de productos caros, todos comprados sin petición de mi parte, todos impuestos, todos, usados por mí con muy poca frecuencia.

Antes de mudarme, siempre anduve en jeans y suecos, teniendo una colección entera de preciosos tacones. Siempre a cara lavada, teniendo los más bonitos octetos de sombras de Dior, nuevos cada temporada. El amor de mi madre me estaba ahogando y yo, me mantenía ocupada, rompiéndolo todo.

El primer jueves después de mudarme, una oferta para trabajar en una prestigiosa y nueva universidad en la ciudad llegó. No la pedí, no la busqué. Sólo llegó. El siguiente viernes firmé el contrato. Un contrato con cláusula de verme bien incluída. Ajá, porque el código de vestir es formal.
En un abrir y cerrar de ojos, se acabaron los jeans, el pelo a la Amanda Miguel y la cara lavada. En un fin de semana mi mejor amigo me diseñó un vesturio que inlcuye vestidos y pantalones de'sos formales y ejecutivos, blusas de seda y suetercitos de cashmere.
Y un lunes, veía a todos mirarme como si fuera otra. Y tratarme como si fuera otra. Y yo, comencé a darme cuenta que es tiempo de dejar de romper y empezar a reparar.

Estoy levemente endeudada para poder reparar mi auto. Usaré aventones y camio... no, esperen, caminaré por los siguientes cuatro días. Supongo que repararé mi aipad y mi secadora. Sigo bebiendo cervezas de esas con la "O" hasta que mi riñón sane. Lo más importante, hoy abracé a mi madre, después de mes y medio y le dije que estaba feliz de verla.

Después de todo, uno siempre puede dejar de tener manos de mantequilla. (o al menos, usar guantes)

jueves, 12 de julio de 2012

La bien merecida victoria del PRI

Antes de que dejen salir los recordatorios del diez de Mayo, dejen decirles por qué es mi opinión tan lamentable.

Debo platicarles primero que soy de Guanajuato, el "bastión panista" por excelencia. ¿Está demás decir que soy blanquiazul? Pero ¿saben? yo no soy panista así lo que se dice panista. No. 
Crecí viendo a mis amigos, vecinos y familiares pelearle al PRI. Pelearle duro, de frente. Meterse a los mítines siempre llenos de acarreados y comenzar a abuchear. (como los acarreados ni sabían a qué iban, seguían lo que ellos hacían).
El PRI te perseguía y te metía a la cárcel. No podías competir con él. Esa era la vida, esa era la garra de los militantes de antaño de Acción Nacional. Crecí pintando bardas del "Jefe Diego", haciendo banderas con el signo de la victoria de Fox y lloré el día que Ernesto Zedillo (una vez más) se llevaba los sueños del papá de mi mejor amiga y vecina, quien había gastado sus ahorros en la campaña. "Pero bueno, ganamos el municipio y el Estado. Que Dios se apiade del resto del país",  decía Don Rosendo, tianguista, orfebre y el más fiel militante de AN por convicción y amor a México, de toda la vida.

Crecí escuchando la historia de La Plaza de los Mártires del 2 de Enero (plaza principal del rancho donde nací) cuando los ciudadanos manifestándose en contra de la enésima elección robada, caminaban fuera del Palacio Municipal con un ataúd, (haciendo referencia a la Democracia muerta) y como El Loco Tomás, un vagabundo del centro se unió a la marcha y se metió al ataúd, generando más risas y atención de la gente, hasta que salieron los guardias del palacio por las ventanas a matar a todos.
No debe extrañarnos entonces, que mi rancho fuera el primer municipio en lograr anular una elección, declararla robada, convocar a una junta Administración Ciudadana con el reconocido y honrado empresario Roberto Plascencia a la cabeza. Y volver a hacer elecciones. Y convertirse en el primer triunfo de AN. 

En esas historias se fraguó AN. Para mí, ser panista era el más grande orgullo.

Al interior de AN hay miles de asuntos internos que no son objeto de esta entrada. Pero que tal vez sí sean causa de la situación que hoy vivimos.

Parece que a la gran mayoría de los que tenemos acceso a internet y  a redes sociales, no nos gusta el resultado de la jornada electoral del primero de Julio.
Se habla de un fraude. Pero no sé cuántos de los que hablan de ello fueron funcionarios de casilla, observadores políticos o voluntarios.

Se habla de compra de votos (uuuuuuuuy, algo muy nuevo y nunca antes visto en el Partido Revolucionario Institucional).

Se habla de encuestas pagadas y erradas, se le van a la yugular al IFE y el descontento, las marchas, las discusiones vía redes o en la sobremesa no se hacen esperar.

Pero nada de eso, cambia nuestra realidad. Enrique Peña Nieto es el presidente electo de México. 

¿Nos sorprende? No. Sabíamos (no sé por qué) desde que era gobernador del Estado de México que encabezaba las preferencias electorales (desde hace dos años, alguien explíqueme por qué).

Los medios no se cansaron de desacreditar "La Guerra de Calderón", la izquierda, bueno, hizo despliegue de los más ingeniosos HT en Tuíter contra el presidente, "NOMÁSSANGRE","NIUNOMÁS".... por citar algunas mini estrategias electoreras.
(Porque no me digan que el desprestigio a Calderón no era con miras al 2012...)

Pasamos un sexenio con las oposiciones haciendo honestamente no sé qué. Bueno, sé que AN se la ha pasado peleando por sus huesos internos. No sé "las izquierdas".

Pero en serio, ¿ponerse a impugnar a estas alturas?

¿Dónde estuvo la Secretaría de Hacienda evitando las deudas de los Estados con gobiernos PRIístas? (probables fuentes de financiamiento para la compra de votos)

¿Dónde estuvieron los partidos pidiendo al IFE posponer la jornada electoral porque a todas luces el PRI ya había excedido los límites de gastos de campaña?

¿Dónde estuvieron los miembros militantes de los partidos, tocando las puertas, buscando el voto, promoviendo a sus candidatos?

Y ahora, el PRI, además de saber "cómo premiar el voto", también sabe elegir candidatos. Como David Sánchez, dipu por Naucalpan, quien no era priísta y hacía su chamba de regalar lentes y lo invitó el PRI a ser candidato. ¡CABÚM! Se pierde Naucalpan.

La izquierda le apostó al desgastado Andrés Manuel, quien además de ser temido y estar ya más visto que el Titanic, tuvo la brillante idea de sacar su discursito ese del FRAUDE en pleno Canal de Las Estrellas, para el dolor de sus seguidores más radicales.

Y AN, bueno, ni qué decir de la clara a todas luces traición a Josefina.

¿Merecía o no ganar el PRI?

Guanajuato mantiene el gobierno del Estado para AN por varias razones: un candidato que opera con toda la estructura de gobierno (ajá, Manuel Oliva estuvo muy lejos de ser como Juan Carlos Romero Hicks, quien prohibía hasta el uso del teléfono para asuntos de pre/campañas), miedo de la ciudadanía a perder las inversiones extranjeras y de caer en los niveles de inseguridad que vive el Norte del País. Y tal vez, debamos pensar, una buena campaña de Miguel Márquez, cercano a la gente, recordando a penas un dejo del viejo PAN. Y otro factor, un pésimo candidato del PRI (que si han puesto otro, no sabemos la historia, eh)

AN pierde la Joya de la Corona. Se la dimos al PRI. Hay un mensaje a AN:
No queremos candidatos bien conocidos por ser ejemplos de todo lo que no se debe hacer en la Administración Pública. Ah, y ¿dejaron sola a Josefina "por ser vieja"? Bueno, este rancho lo va a gobernar una.



miércoles, 2 de mayo de 2012

Yo y mi odio por los cumpleaños


Pues nada. Que hace ya más de una semana fue mi cumpleaños. Y pues si me siguen en tuíter, saben que los odio.


No puedo definir mi formación como "anti yanqui" o anti nada. Ahora que lo pienso, en mi casa nos formaron para la pluralidad y el respeto. Jamás llegué yo a oír ni un "gringo". Eran siempre llamados "estadounidenses". Los chinos eran chinos y no "chinitos". Los negros, negros. Nada de "negritos". Y nosotros, mexicanos. Nada de "paisas", "mexas" o similares.

Creo, eso sí, nos formaron para identificar muy bien qué es nuestro y qué no. Mi mamá siempre pensó que crecer junto a un país poderoso era algo nocivo si no se encausaba bien.

En mi casa se fomentaron siempre las tradiciones mexicanas. Claro, el 99.9% de ellas, ligadas a la religión católica. No es como que me prohibieran ir al Halloween. Es como que me decían: "eso es onda de los vecinos de arriba. Lo tuyo es el altar a tu abuelo Bruno. Pero ve y diviértete".

Y así, en cada pequeña manifestación "de los vecinos", mi madre estaba bien al alba para recordarlo. La música, el idioma, las modas, la forma de vestir. Siempre decía: "eso es cosa de los vecinos de arriba".

Aquí podrá parecer que yo crecí escuchando el "Tilingo Lingo", "La Bamba" y "Carmen y la Cadenita". Pero no.
Me da mucho gusto cuando admito públicamente que yo soy autodidacta del Inglés. Que en mi casa jamás hubo dinero (o intenciones) de pagarme nada fuera de la formación del sistema público en el que estuve hasta la preparatoria. Yo aprendí Inglés por mi propio mérito, a través de las canciones de "Los Backstreet Boys", "Britney Spears", "Christina Aguilera"; "No Doubt", etc.
Nada "de los vecinos de arriba" estuvo nunca prohibido. Pero siempre era motivo de análisis a la hora de la cena, o en la plática durante el trayecto a algún lado. 
-"¿Qué es diferente en ellos?" preguntaba mi madre.
-"¿Es deseable para ti lo que ellos sustentan en su ropa, o en sus programas, tradiciones, música...?"

Y así, aprendí a nunca pensar que un gringo era mejor que nosotros por "ser güerito". Tampoco a pensar que su país era una mina inagotable de oro y que todos en Estados Unidos son ricos, guapos, felices y "chingones", sólo porque así lo quieren hacer ver en sus películas.

Siempre se nos hizo notar, que a través de su historia, la cooperación con el vecino, la participación ciudadana, un gran sentido de respeto a la ley y el trabajo comunitario, fueron claves en el desarrollo rápido y dinámico de esa nación. Al igual, que el consumismo, la falta de apego familiar, crecer desde joven solo, les ha generado "N" de problemas sociales, que hoy por hoy, los tienen medios muy socavados, solos, depresivos, adictos y una larga lista de etcéteras.

Y aquí entran los cumpleaños.
La comparación entre "el día de tu santo" en las mañanitas al "happy birthday to you".

No podemos negar que el catolicismo en México ha sido por siglos una gran herramienta de control. Así fue "importado". Ese era su fin.
Creo sin embargo, que expresa, desde un punto de vista tan objetivo como yo lo puedo tener, una profundidad muy deseable en un consciente colectivo.
Un santo, no es más, que una persona que vivió de modo que alcanzó la santidad. O sea, pues, alguien que hizo el bien a los demás. Un buen ciudadano. Un iluminado. Una persona de bien. 

Encomendar a un nuevo miembro de la sociedad a ese modelo, deseando que posea las mismas virtudes y que el día de su nacimiento, le sean recordadas, me parece hermoso.

Y eso es lo que se celebraba en México. El día de tu santo. NO los cumpleaños.

"Happy birthday to you" y las celebraciones americanizadas donde "It's all about you", me enferman. No las tolero. Me parece de lo más poco inteligente en esta vida, suplir un sentido de orientación de la vida misma a un afán edonista de: "es tu día, haz lo que quieras, junta a los que quieres, haz un fiesta. Gasta, consume. Es tu día, lo mereces".

Y así es como cada día que en las mañanitas dicen "hoy por ser tu cumpleaños", yo pierdo la fe en que un día seremos una nación odernada, justa, limpia y próspera. Seguimos cambiando lo que somos, por un pedazo de espejo.



miércoles, 23 de noviembre de 2011

Lore y la Navidad

Mil gracias a todos los que hacen favor de leerme. Hace unos días dejé de cerrar mi changarro tuitero con las afirmaciones de que "no es Navidad....", por motivos de salud. Pero quiero aprovechar para compartirles por qué me gusta la Navidad y cómo es que yo la entiendo.

Me remonto a mis siete años. Mi abuela acababa de morir. La primer Navidad sin mi abuela fue la más fea. Lo recuerdo. Todos estábamos deprimidos. Creo que no la festejamos ese año.

Mi madre, académica de formación y una mujer brillante hasta la médula, jamás me permitió creer en Santa Claus, Los Reyes Magos, El niñito Dios o similares. Hay quienes dicen que eso " me traumó"... yo le agradezco cada día de mi vida. Ella renunció a un método fácil de chantaje, a mí me hizo responsable.Jamás  cumplí yo en la escuela "porque si no no me van a traer nada los Santos Reyes". Aprendía porque era mi obligación. Punto.
 Recuerdo que un dia, tomó mi má la Biblia (tenía yo unos tres o cuatro años y ya sabía leer) y leímos juntas el Evangelio de la Epifanía.
 Y recuerdo textuales sus palabras: "y desde entonces, los padres, en recuerdo de esos regalos y POR AMOR, cada seis de Enero traen regalos a sus hijos. Pero son sólo símbolos del amor y del recuerdo. Y no son regalos que surjan por arte de magia. Así que, yo te regalaré siempre lo que pueda el seis de Enero y es con mucho amor".... Y pues del gordo del Santa... pues la explicación de que era un Obispo. Y del niñito Dios, pues que el niñito no era "regalador de cosas", que el regalo más grande, era la salvación. ( y a Lorencita, en ese momento, le salía un signote de interrogación de su cabecita, pero le daba hueva preguntar, entonces se hacía pato)

Respecto al arbolito.... la explicación de que esa no era una tradición mexicana, y mejor poníamos un nacimiento.Cuando platico estas experiencias, la tendencia siempre es a pensar que mi madre no me dejó tener infancia. La verdad es que yo tuve una infancia envidiable.

Lo de los Reyes se volvió la mejor aventura: ahí me tienen cada cinco de Enero volteando la casa trantando de descubrir mis regalos. Luego, el mero seis, había un rally por toda la casa, que iba desde descifrar pistas, hasta ir desenvolviendo papeles de dulces con cinco centavos dentro por un caminito que llevaba de un regalo a otro. Mis regalos rara vez fueron costosos, pero siempre fueron inteligentes y para el cultivo de mi formación. Y nunca incluyeron ropa ni libros. (gracias mamita)
Bueno, esa parte se resolvió, pero el árbol... el árbol.

Yo A-M-O  mi tía Blanchis. La A-M-O. Ella y mi madre son agua y aceite. Son las mejores hermanas del mundo. Y no son de sangre. Son amigas desde los trece y dieciséis años respectivamente.
En casa de mi tía Blanchis, había cada Navidad, un hermoso pino lleno de adornos, que Lore observaba. Y luego venía la labor -"Mi tía no es estadounidense y tiene arbolito, ¿por qué nosotros no?"
¿Qué iba a hacer mi madre? ¿Perder su batalla y dejarme caer en las garras del consumismo posmoderno y adoptar tradiciones que no eran las nuestras?  J-A-M-Á-S.

¿Qué hizo? Fácil: salió a recorrer las calles de la colonia (que en ese tiempo, era como la orilla de la orilla de la orilla) y encontró una rama seca lo suficientemente alta, robusta y con follaje para fungir como "árbol-nicho-del-nacimiento". La pintó de blanco y le colgamos mini esferitas de muchos colores, porque era un conjunto de ramas delgaditas, no aguantaba más peso.Unos "foquitos" terminaron de hacer ver aquella rama como de ensueño.
Por algunos años ese fue mi árbol. Hasta que llegaron a mi vida los gatos... y pues árbol, nacimiento y todo se tuvieron que dejar de poner, porque ya era imposible seguirlo haciendo. (porque mi gato favorito estaba empeñado en aventar al piso al niño Dios para echarse él en el pesebre, mientras que el otro dejó sin cabeza a todos los pastores y demás)

Creo que nunca había dimensionado cuánto amaba yo mi árbol de Navidad. Porque era mío, era único, lo habíamos hecho nosotros, no era agringado, era perfecto. Y hace un par de semanas, caminando por una tienda departamental: algo muy, muy, muy similar a mi árbol yacía en el pasillo navideño.
Las lágrimas corrieron a mis ojos ante los muchos recuerdos que venían con la quasi rama de Lore... y no dudé ni dos minutos en sacar mi tarjeta... sólo que mi madre, al ver mis lagrimillas, ya se me había adelantado.

Navidad es mi época favorita del año no por los regalos, ni por las decoraciones ( que, confieso, me da más bien flojera poner), ni por la musiquita que luego harta oír hasta debajo de las tazas, ni por los horribles juegos de baño con el Santa tapándose los ojos. Creo que todos tenemos un recuerdo, o muchos, tristes, alegres, de pérdida, de ganancia, de pobreza, de riqueza, de exclusión, de inclusión... que se relacionan con la Navidad. Y evocarlos nos permite ser empáticos. Por ende en Navidad, la gente trae otra vibra.
Claro que hay algunas cosas horribles: las interminables filas en las tiendas, el gasto y endeudamiento excesivo en regalos costosos, los intercambios donde uno nunca obtiene un regalo por lo menos útil, el desperdicio de comida, el tráfico, los carros con cornamentas de renos (#yaquemepinchemuera).... pero dejando todo eso de lado, la energía sí es más positiva, es una época donde hay más apertura a que lo bueno suceda.

Por eso, por la disposición humana a recibir "su milagro navideño" es que yo desearía que siempre fuera Navidad.

Hasta pronto:
Lore